En los medios de información profesionales debe primar su oferta de valor

10 de septiembre de 2020

La era de la información y el conocimiento que define al mundo actual es un hito en la historia humana derivado de la convergencia de proezas como el estado de derecho, la democracia, la ciencia, la tecnología y la globalización, habiéndose necesitado milenios y billones de vidas para llegar a él.

Y, aunque a nadie le podría caber en la cabeza regresar -sin ir tantos siglos atrás- al oscurantismo, la Inquisición o a cualquier tiempo determinado por la ingnorancia, el aislamiento y la incomunicación, un hito así hoy se da por descontado, no se valora consientemente, y el riesgo de su menoscabo se subestima.

Esta era en verdad es menos ilustrada de lo que debería; a veces parece más una nueva era de la ignorancia a pesar de la revolución tecnólogica, con muchas herramientas de acceso a datos y a mucha basura, pero de muy poca profundidad y conocimiento, perezosa, y con bastante desapego a la verdad o indiferencia frente a la mentira.

La posesión de dispositivos que pueden conducir a información no conlleva comprensión ni aprendizaje; la masividad privilegia la cantidad sobre la calidad y conduce a confusión y superficialidad; y la inmediatez obsesiva induce seudoconocimientos efímeros y emocionales.

Los retos educativos en estas materias son enormes, como la necesidad de legitimar, estimular y promover fuentes de información y conocimiento autorizadas, versadas e idóneas. El descuido de estos retos engendra una nueva forma de analfabetismo y el desaprovechamiento del hito el abono para la mengua paulatina de un derecho sagrado: conocer la verdad.

Para la demanda de bienes y servicios prima la relación costo-beneficio, y en su entorno competitivo la información autorizada, versada e idónea, también tiene que evidenciar su oferta de valor, y es ahí donde se tienen que enfocar los medios y el periodismo. La preferencia por la ignorancia y la ligereza emocional es la mejor opción para intereses innobles contra los cuales, sin duda, siempre será muy difícil competir con nobles intenciones.

Esta oferta debe ser plural y transparente en su orientación, matices y propósitos. Y si realmente es una oferta periodística, la renovación constante de sus compromisos con los valores del periodismo debe ser manifiesta, para que la información sea cierta, clara y útil. Así es como la información es un bien esencial, el periodismo, un servicio, y los medios, la forma organizada para garantizar su prestación profesional.

Son legítimas otras formas de expresión y entretenimiento y de altísima demanda, pero en las empresas de medios de información profesionales debe primar siempre su más pura oferta de valor, no agendas personales u ocultas, conflictos de interés y egos que se antepongan a la misión informativa que corresponde a la verdadera vocación periodística.

Esto desdice del periodismo y contamina una industria que en razón de lo que está llamada a hacer, no se puede permitir menguas ni cuestionamientos sobre su vigencia, relevancia y supervivencia.

 

Werner Zitzmann, Director Ejecutivo AMI