“La mayor falla de los medios es la generación de estructuras para experimentar rápido y a bajo costo”

Queremos compartir también, los textos de las entrevistas que realizamos a nuestros tres facilitadores de manera previa a estos encuentros, a través de las cuales tuvimos la oportunidad de plantearles inquietudes relevantes para nuestra industria y que fueron generosamente respondidas por ellos con base en su experiencia y visión actual del periodismo y el rol de los medios de información hoy, en particular, en términos de cuáles son y cuáles deben ser los verdaderos criterios de éxito en las salas de redacción actualmente.

¿Qué significa ser un terapeuta de contenidos?

Dime qué te comes y te diré qué tan sano está tu cuerpo. Dime qué tan estresado estás y te diré qué tan bien te encuentras emocionalmente. Pensando en cómo la nutrición y el bienestar emocional se han convertido en prioritarios para la vida de las personas, me puse a reflexionar sobre la falta de atención que a nivel social ponemos a aquello que estamos consumiendo a nivel de contenido. Para mí, ser un terapeuta de contenidos significa poder servir como guía para creadores y lectores respecto a lo que representa eso que están haciendo o consumiendo. Así como una naranja no nos deja lo mismo que unas papas fritas, un documental no nos deja lo mismo que una telenovela. Y no es que algún contenido esté bien o mal, sino que hemos de ser conscientes de nuestras decisiones y buscar balancear nuestro consumo.

Esa guía hoy es más necesaria que nunca ante el exceso de información y de entretenimiento, uno en el que además tenemos la invitación permanente a no ser sólo consumidores, sino también creadores, lo que representa una profunda transformación a las ocupaciones que tenemos en nuestra vida cotidiana.

¿Te percibes periodista?

Siempre he sido un enamorado del periodismo. Ahora, ¿me percibo periodista? Diría que sí, pero no si se le pretende encasillar en lo que históricamente se ha pensado que debe ser un periodista. Si tuviera que definirme, diría que soy un contador de historias que procura operar bajo los más altos valores éticos y metodológicos del periodismo, pero que no cree que exista solo una estructura o narrativa posible para informar a la audiencia. Creo firmemente en el periodismo como un bien social, en la transparencia y en dar a conocer, profundizar y contextualizar todo aquello que se ha mantenido invisibilizado u oculto, tanto en materia soft como en hard. En lo que no creo es en quienes dicen que un periodista tiene que hablar con una voz determinada, que tiene seguir una estructura rígida al escribir, que no puede incluir humor o habilidades de entretenimiento a menos que pretenda que eso que se trae entre manos deje de ser periodismo. Me mantengo fiel y devoto del fondo de lo que es el periodismo, de su sustancia. Me alejo cada vez más de las jaulas narrativas en las que nos quieren colocar a todos. Si tengo que elegir entre ser el Agente Smith o Neo en Matrix, prefiero ser Neo, que uno más en el sistema.

¿En qué aspectos consideras que los medios tradicionales aún no han logrado innovar?

Lo primero que he de decir es que siempre es más fácil comenzar algo que corregir. A los medios tradicionales, como a cualquier empresa con años de historia, suele complicárseles mirar hacia el futuro, porque han de hacerlo cuidando que su negocio actual no se caiga, incluso si no es el mejor de los negocios. Ese temor al riesgo se incrementa cuando incluso el negocio presente no genera grandes ganancias. La industria, por tanto, vive más en una etapa de supervivencia que de estabilidad que permita pensar en el futuro. La mayor falla de los medios, desde mi perspectiva, no pasa por la falta de talento o disposición, sino por la generación de estructuras que les permitan experimentar y consolidar una filosofía de emprendedores con capacidades de iterar rápido y a bajo costo. La historia en digital muestra a medios que han llegado tarde a las tendencias. El problema es que para cuando se deciden a llegar, la parte más atractiva del botín ya la tienen otros, como los propios creadores en la actualidad. Para que esa dinámica funcione, es vital que se adjudiquen objetivos específicos a esas nuevas iniciativas, hechos y pensados para ellas, no como una cura milagrosa que acabe con los males heredados.

¿Cómo defines el concepto de narrativa “única”?

La unicidad es un concepto peculiar. Si quitamos el empaquetamiento, podremos encontrar que la sustancia de los medios exitosos, como la de cualquier empresa, es bastante común al resto. Netflix, por ejemplo, era contenido. Tuvo su diferenciación únicamente en el modo en que era consumido, de ahí que ahora que los competidores lo han imitado padezca para seguirse diferenciando.

Una narrativa única aplicada a medios pasa por la claridad del propósito. Entre más especialización, intención y dedicación haya sobre los contenidos, más sencillo será que la audiencia comprenda cuál es la intención y la misión que hace a ese medio distinto al resto. Si vamos a la práctica, podríamos decir que el factor clave es el tiempo que se le dedica a la producción de contenido, sobre todo si tomamos el tiempo como un parámetro de la reflexión que hay detrás de lo que se hace, los procesos que se siguen y el empaquetamiento del mismo. La narrativa única no se alcanza produciendo notas a destajo, se alcanza cumpliendo propósitos claros, como en su momento lo hacían revistas como Playboy o Rolling Stone. Esa claridad de marca y editorial de las revistas hace falta en los medios digitales. Puck, por ejemplo, tiene su misión clara: contar la competencia por el dinero, el poder y el ego en los 4 puntos neurálgicos de Estados Unidos: Hollywood, Washington, Silicon Valley y Wall Street. Otro ejemplo es Axios, que partiendo de su objetivo que ha sido distinguir entre la sustancia y la paja, concibió no solo un estilo, sino también una metodología a través de la llamada Smart Brevity, que lo mismo le ha servido para crear su propio imperio de newsletters, que para montar una red de cobertura local o incluso un negocio de software para que las empresas resuelvan sus desafíos en materia de comunicación organizacional

¿Cuáles son tus criterios de éxito?

Depende de cada proyecto. Lo que me parece importante es que cada vez más periodistas logren estar trabajando en aquello que se alinee con los propósitos de éxito que ellos mismos se han trazado. Hoy veo a muchos periodistas considerando como éxito aparecer en lo más alto de Comscore. Y pues claro que lo es, pero lo que hay que preguntarse es si ese éxito de verdad es el que lo movió a ser periodista, si ese éxito lo acerca a lo que soñaba y posiblemente sueña alcanzar con sus historias. Para mí el éxito es trascender y provocar un impacto haciendo lo que en verdad queremos hacer.

Y me siento afortunado porque sé que hoy en la industria, independientemente de si los números de la empresa en que están son positivos o no, no somos muchos los que podemos hacer lo que nos gusta y aquello en lo que de verdad creemos.

¿Qué otros elementos creerías importante trasladar a editores y periodistas de medios tradicionales?

Que salgamos de la zona de confort en la que nos encontramos. Es cansado vivir reinventándose, pero la vida hoy demanda que dediquemos el mismo o más tiempo a aprender que a hacer lo que ya sabemos hacer. Si eres una autoridad escribiendo un newsletter, continúa haciéndolo, pero dedica tiempo también a eso en lo que te sientes incómodo, en lo que para nada eres el mejor. Como periodistas tenemos que darnos un baño de humildad para reconocer todo aquello que desconocemos. Yo siempre digo que la vida es como entrar a una plataforma de miles de mini-juegos. En algunos seremos los mejores, en otros seremos los peores, pero está en nosotros subir de nivel. Hemos de aceptar que ser nivel legendario o principiante no es tanto capacidad como dedicación. Y bueno, pues para reinventarnos hemos de atrevernos a jugar en mundos que desconocemos. Un día, tenlo por seguro, nos sentiremos cómodos habiendo convertido en conocido lo que un día desconocíamos.