“La curiosidad y la ambición para que sus historias lleguen a los lectores no cambiará”

Queremos compartir los textos de las entrevistas que realizamos a nuestros tres facilitadores de manera previa a estos encuentros, a través de las cuales tuvimos la oportunidad de plantearles inquietudes relevantes para nuestra industria y que fueron generosamente respondidas por ellos con base en su experiencia y visión actual del periodismo y el rol de los medios de información hoy, en particular, en términos de cuáles son y cuáles deben ser los verdaderos criterios de éxito en las salas de redacción actualmente.

¿Puedes resumir los puntos importantes de tu paso como director de El País?

Cuando entré a El País en 2006 el diario de papel ya era una máquina de ganar dinero, y para 2007 logramos que alcance su récord de ganancias y de difusión en papel, obteniendo 140 millones de euros netos, con beneficios del 31 por ciento sobre la facturación, lo que lo convertía en el periódico con mayor margen del mundo, incluso por sobre el New York Times, mientras que a nivel circulación, tocamos el récord de 440.000 ejemplares en la semana y un millón el domingo.

Este cuadro tenía como reverso importantes dificultades para la transición digital porque en 2006 la edición en internet estaba descuidada y no se veía este presente, con lo que tenía que convencer a la empresa que un producto que rendía 140 millones de euros iba a camino a dejar de tener importancia. De hecho, ya en 2008 cayó la publicidad, y como yo les planteaba, se veía que el diario no era sostenible a veinte años. Entonces la empresa, que inicialmente tuvo muchas resistencias, empezó a ver que había que tomar otro camino, por más complejo que pudiera ser.

¿Cómo funcionaba la edición digital?

Para 2006 éramos segundos en habla hispana en medios digitales, detrás de El Mundo, y la edición digital, si bien al igual que le periódico era propiedad de Prisa, no era parte de la redacción, estaba en otro edificio y no compartía periodistas, ya que se planteaba que lo digital era para los jóvenes. Además, muy prematuramente se instaló el muro, en una época en que eso no era habitual, con lo que quitaba lectores.

Yo insistía en tomar el control de la edición digital, porque la misma no iba en camino a ser digna de El País, y además el diario empezaba a quedar viejo comparado con la web, que era más fácil actualizar. También se podía ver el recelo que existía entre ambas redacciones, y era cada vez más claro que no habría otro camino, porque podía estancarse el digital y el diario de papel tampoco mantendría su calidad por la dispersión de recursos. Fue entonces que propuse unir ambas redacciones.

¿Cuál fueron los mayores desafíos en el proceso de transformación?

El primer obstáculo fue convencer a la empresa de que el futuro estaba en lo digital, y de comenzar la transición. Una vez logrado, en 2009 unimos la operación administrativa y legal, luego vino un rediseño de la edición digital, con un proceso que tuvo marchas y contramarchas pero avanzamos, y lo segundo difícil fue fusionar las dos redacciones, con dos culturas editoriales y periodísticas distintas, una propia de una start-up, de “todo vale”, frente a un diario con una fuerte tradición y normas, guías estrictas de estilo y reglas. De todas formas, dos años después superamos a El Mundo, y lanzamos la edición latinoamericana. El tercer desafío fue a mi regreso en 2020, cuando ya éramos lideres con 100.000 suscriptores y millones de usuarios, pero la edición de papel era menguante, con días de solo 70.000 ejemplares vendidos. Si bien era necesario sostenerla, tomé también la decisión de desconectar la web del contenido original del papel. Así, durante el último año pasamos sección por sección a publicar primero en la web, y para el diario impreso solo se seleccionaban los textos de calidad, con lo que la edición de papel quedó subordinada a la de la web, lo cual llevó al gran desafío de quitar el control a algunos editores sobre las secciones en papel.

¿Se ha modificado la línea editorial del diario para abarcar a las nuevas audiencias de internet?

El modelo de sociedad que plantea El País no ha variado ni va a variar, sus posiciones editoriales son las mismas, y los cambios solo se dan por cómo varía la sociedad, pero siempre intentando ir por delante, y proponiendo visiones para España y el mundo de habla hispana. Sí, en cambio, ha variado la amplitud y variedad de lo que se trata, pero eso ya se buscaba en la edición de papel, ya que una redacción sólida implica contar con periodistas que se acerquen a lectores en edad y perfil, no se puede mantener una plantilla de adultos, blancos, heterosexuales, y apuntar a jóvenes diversos, la diversidad debe entrar en una redacción como la de El País. En este sentido, como director considero que la producción periodística me tiene por supuesto que sonar bien, pero también ponerme algo nervioso por cierto desconocimiento, dejar que la redacción proponga temas importantes que yo puedo no conocer, pero confiando en las personas que he contratado. Tengo que saber que yo no soy el lector medio de El País, y de hecho, cuando algún pope español me critica alguna sección, suelo decirle que me preocuparía si la elogiaran, porque ellos mucho menos son los lectores medios y generales a los que apunta El País.

¿Cómo se relacionan con las métricas?

Siempre hubo una tensión, y la sigue habiendo, entre el negocio, los ingresos, las páginas vistas, o la publicidad, y una redacción reacia a producir para ese efecto. Hemos dado bandazos en este aprendizaje, por ejemplo en la segunda época el periódico producía mucho, a veces más que el New York Times, lo cual resultó un alerta, porque nosotros somos 400 periodistas y ellos 1.700, con lo que algo estaba mal si ellos producían menos. Por eso entendimos que era necesario un modelo de suscripción, poroso o no poroso, para generar una relación más cómplice con el lector, que no tenga como meta el clic, sino a El País con la línea periodística como siempre tuvo en papel. Allí la identidad por ejemplo se da en las temáticas de las primeras páginas, más allá de que los lectores buscarán otras noticias, pero existe la complicidad con el lector de que El País tiene que abrir con determinada agenda. Esos son criterios que logran una unión con el lector, lo cual se desdibujó en los primeros años de internet, pero en la segunda dirección me esforcé mucho en lograrlo. Nuestra línea no pueden ser los titulares masivos para notas de cuatro párrafos, sino destacarnos, como lo hicimos tradicionalmente, en exclusivas intelectuales, esto es una idea que no estaba pero que le interesa a la gente, lo cual requiere tiempo en ser tratada y consumida, pero marca la diferencia.

¿Cuál sería el perfil del periodista requerido para estas nuevas redacciones?

Lo que cambian son los requerimientos técnicos, porque ya no debe saber escribir a máquina, pero esos requerimientos también variarán a futuro. Lo que no cambia ni cambiará, es la curiosidad y la ambición para que lleguen sus historias de forma potente a los lectores. Eso que hace veinte años se limitaba a la claridad y el orden, ahora requiere habilidades en video, o en visualización de datos, o en audio, pero lo básico es la curiosidad intelectual y la capacidad de transmitir, para lo cual puedo usar un podcast, una infografía, o el formato que sea, pero manteniendo esos dos factores, curiosidad y llegada al lector.

¿Y cuál es el criterio de éxito actual para El País?

Sus fundadores sostenían que la verdad más importante, o incluso la única verdad, es la cuenta de resultados. Esto creo que sigue así, una métrica no sirve si no te lleva a un éxito económico, porque si no básicamente el periódico no es sostenible. Eso no implica buscar una rentabilidad a cualquier costo, sino por el contrario una cuenta sana, sin esteroides ni trampas como publirreportajes o clickbait, porque estas no se sostienen en el tiempo, y El País busca tener una sustentabilidad y solidez para el presente y las próximas decenas de años.

En este sentido, es necesario tener cuidado con dos riesgos, uno es ir por detrás de los acontecimientos, como la idea que en mi país o región no va a pasar lo que pasa en otras latitudes, es decir no ver los riesgos de algo que está pasando o se aproxima, que podría llevar a la conclusión de que algo está podrido por dentro, más allá de que en el presente brille, como fue lo que nos pasó con el papel hace quince años. El otro, es no engolosinarse con las herramientas y la tecnología, que finalmente son un medio y no un fin, con lo que pueden ser fuegos de artificio. Los periódicos no son una plataforma de entretenimiento, de videos o animaciones, sino una institución, porque al final periódicos y democracia se inventaron junto hace 200 años al mismo tiempo, y siguen siendo importantes por cumplir esas mismas funciones. Si eso se reemplaza por la tecnología, ya pasa a ser otra cosa, y además tampoco tendrá éxito, porque para ese tipo de entretenimiento ya hay profesionales mucho mejor formaos en lugares como Silicon Valley. El periódico es en algunos países reconocido por la ley y en otros por la Constitución, ahí nadie nos puede ganar, y desviarnos de nuestro camino sería un fracaso seguro.