Por qué algunas personas aún compran el periódico

25 de mayo de 2021

Comprar y leer un periódico impreso es toda una experiencia. Es una costumbre que trasciende el hecho informativo y está ligada a prácticas culturales y sociales. Esta es la conclusión a la que llegó un nuevo estudio publicado en la revista New Media & Society.

La investigación —que implicó entrevistas con 488 consumidores de noticias en Argentina, Finlandia, Israel, Japón y Estados Unidos— explora las causas de una práctica cada vez menos frecuente bajo un ángulo poco frecuente entre los académicos que se han interesado por este tema.

Tal y como apunta un artículo del Nieman Lab (el laboratorio de periodismo de la Universidad de Harvard), la investigación se centró en analizar cómo las personas experimentan los medios en el día a día. La mayoría de los estudios realizados sobre estos temas se han enfocado en cómo las personas responden a diferentes tipos de información o cómo diversas herramientas y plataformas pueden influir en las experiencias de las personas y sus preferencias sobre el uso de los medios. En palabras de los autores del artículo, han sido estudios “centrados en los medios”.

“Además, al centrarse en la experiencia táctil, social y ritual del producto de periódico impreso en lugar de centrarse en los relucientes reemplazos digitales que reciben la mayor parte de la atención en estos días, este estudio ofrece un recordatorio importante: que es valioso examinar cómo y por qué ‘los viejos medios’ (y los rituales y prácticas relacionados con ellos) tienden a ser obstinadamente persistentes, sí, incluso durante los períodos en los que los ‘nuevos medios’ están en auge”, agregan Coddington y Lewis.

El estudio fue diseñado para cubrir cinco países con diferencias culturales, geográficas y lingüísticas clave que al mismo tiempo tienen gobiernos democráticos y una penetración de Internet relativamente alta. El grupo de autores estuvo compuesto por: Pablo J. Boczkowski, Facundo Suenzo, Eugenia Mitchelstein, Neta Kligler-Vilenchik, Keren Tenenboim-Weinblatt, Kaori Hayashi y Mikko Villi.

Los resultados se organizaron en torno a tres dimensiones de la recepción de los medios que se destacaron de las entrevistas: acceso, socialización y ritualización.

– Acceso: este aspecto varió ampliamente entre un país y otro. Por ejemplo, mientras en Japón las personas dijeron tener una variedad de opciones a menudo vinculadas a la compra de periódicos —incluidas múltiples suscripciones desde el hogar—, en otros sitios como Israel los y las entrevistadas afirmaron no tener una suscripción o comprar copias individuales habitualmente. Para los autores, estos problemas de acceso están relacionados a hábitos culturales más amplios, dinámicas de mercado u otros patrones estructurales que no estaban vinculados a los propios medios.

– Socialización: este aspecto indicó que el consumo de medios impresos estaba relacionado con la presencia de dinámicas generacionales y de género que inciden en la elección y la prevalencia de la lectura individual. Son variables que, según los autores de la investigación, son producto de fuerzas estructurales como las tradiciones familiares, las culturas nacionales y, en algunos casos, “la persistencia de tendencias patriarcales más amplias que dan forma a la selección de medios” (por ejemplo, los niños que leen lo que su padre les permite leer).

-Ritualización: las entrevistas demostraron que los y las entrevistadas tenían una “vida cotidiana muy ritualizada”. En este sentido, las personas incorporan la recepción de los medios a estos rituales. “Las personas visitan cafeterías y leen los periódicos que encuentran allí como parte de la experiencia, pero no van a las cafeterías principalmente para hacer esto. De manera similar, los jóvenes entrevistados visitan a sus padres como parte de las rutinas familiares y leen el periódico que encuentran en sus hogares”.

Desde el Nieman Lab insisten en que, más allá de los resultados puntuales del estudio, esta investigación resulta especialmente valiosa pues nos recuerda el valor de analizar y conocer los rituales cotidianos de las audiencias para captar señales valiosas sobre su consumo de medios.