Combatir la desinformación: una responsabilidad colectiva

19 de octubre de 2021

Algunas empresas de medios y anunciantes están dando el paso a debatir sobre un tema incómodo: la desinformación y los tentáculos del negocio que la sostiene. Múltiples circunstancias muestran un vínculo evidente entre la información polarizante y dudosa, y las consecuencias en el mundo real. Los consumidores son cada vez más conscientes de esto, y les exigen a los actores del ecosistema hacerse responsables.

En este contexto, la Asociación para la Publicación en Línea (AOP) organizó un panel llamado “Seis ideas para combatir la desinformación” en el marco del seminario web Crunch 4.4. En el encuentro –que fue moderado por Harriet Kingaby, copresidenta de The Conscious Advertising Network– varios especialistas discutieron qué hace que la marea de desinformación sea tan difícil de detener, y cómo desde los contenidos se puede ayudar a que los anunciantes y el público tomen decisiones más informadas.

A continuación, destacamos tres puntos importantes que rescató un artículo sobre el tema publicado en The Drum: 

1. La desinformación es un negocio rentable y sofisticado

La creación y difusión de desinformación a través de plataformas, incluidas las redes sociales y los sitios web de noticias, genera una cantidad significativa de ingresos para muchas empresas. Clare Melford es cofundadora del Índice Global de Desinformación (GDI), que tiene como objetivo proporcionar un marco para determinar qué es y qué no es desinformación para marcas y anunciantes. Melford señaló que alrededor de $235 millones de dólares en ingresos publicitarios fluyen a sitios de desinformación cada año.

También señaló que la desinformación es cada vez más sofisticada. Un método popular citado por el director de Faith Matters, Iman Atta, es simplemente hacerse pasar por sitios de noticias genuinos. Esta ha sido una estrategia comúnmente utilizada por quienes promueven historias de extrema derecha. 

Por otro lado, están las noticias que son verdaderas pero son publicadas de tal manera que se convierten en desinformación dañina. Por ejemplo, la historia publicada en la portada del diario  The Sun en 2015 que afirmaba que “casi uno de cada cinco musulmanes británicos siente cierta simpatía por aquellos que habían huido del Reino Unido para luchar por Isis en Siria”. Después de su publicación, el periódico se vio obligado a retractarse y admitir que la afirmación era “significativamente engañosa”.

Todo esto ha llevado a que la desinformación tenga mayor exposición, y sea más difícil para los lectores distinguir entre contenido el objetivo y aquel que está sesgado.

2. Es necesario combatir el incentivo financiero

Para crear un mejor ecosistema, el panel estuvo de acuerdo en que la mejor manera es crear un desincentivo financiero para la creación y difusión de desinformación.

Steve Chester es director de medios de la Sociedad anónima de anunciantes británicos (ISBA por sus siglas en inglés). Chester argumentó que la mejor solución contra la desinformación es una combinación de la regulación legal de las plataformas con una actitud más proactiva de parte de los anunciantes. En su opinión, es necesario crear un organismo regulador que supervise la industria e imponga posibles multas de hasta el 10% de los ingresos globales de una plataforma por infracciones. Estas infracciones se basarían en un sistema de medición que determinaría si el contenido es seguro para la marca en función de 11 categorías.

Sin embargo, el gran problema al que se enfrenta cualquier intento de este tipo es conseguir la aceptación de los actores del ecosistema. Chester cree que las plataformas, incluidos algunos periódicos del Reino Unido, son “alérgicas” a cualquier tipo de supervisión, y no estarían dispuestas a someterse a los intentos de medir la desinformación en sus sitios.

3. Mejor en comunidad

Hay consenso general en la importancia de que todos los implicados se unan para mantener un alto índice de referencia. Los medios tienen los recursos para producir contenido de calidad y presentar una narrativa contraria con la que los consumidores pueden interactuar, si así lo desean. Marie Helly, directora de Beyond Fake News en la BBC, sostuvo que lo anterior es equivalente a “proporcionar respuestas claras pero no decirles qué pensar o en quién confiar”. Del mismo modo, los anunciantes pueden esforzarse de forma proactiva por mejorar su comprensión del contenido en línea y juzgar cuidadosamente las decisiones sobre dónde quieren o no quieren centrar su inversión.

“No podemos dejarnos seducir por la idea de que es demasiado difícil, complicado o una pendiente resbaladiza. La colaboración entre comunidades, editores, plataformas y anunciantes nos ayudará a encontrar caminos creíbles para avanzar. Agradecemos la oportunidad de continuar con esta discusión”, dijo Rita Jabri-Markwell, asesora principal y abogada de la Red Australiana de Defensa Musulmana.