El rol de la prensa en la construcción de una sociedad democrática

¿Cómo puede la prensa servir mejor a una sociedad democrática?, se titula un artículo publicado por la prestigiosa revista The New Yorker a mediados de julio. El texto rememora las conclusiones a las que llegó un grupo de académicos y políticos que se reunió en Estados Unidos a partir de 1943, y durante tres años seguidos, para analizar el estado del periodismo y reflexionar sobre la utilidad de mantener una prensa libre e independiente, la diversidad de ideas y el valor de la verdad para la sociedad.

Como señala el periodista Michael Luo, autor del artículo y editor del sitio  newyorker.com, los complejas contradicciones que señaló el reporte están hoy más vigentes  que nunca.

El informe de la Comisión Hutchins

El 15 de diciembre de 1943, un grupo de académicos y políticos se congregó por primera vez en el University Club, en Nueva York, bajo el liderazgo del editor de Time Inc., Henry R. Luce, y Robert Maynard Hutchins, filósofo y presidente de la prestigiosa Universidad de Chicago.

Con el mundo envuelto en una lucha contra el totalitarismo y el avance de la Segunda Guerra Mundial, Luce consideraba que era necesario adelantar un ejercicio filosófico para reafirmar las bases de las libertades en Estados Unidos. El objetivo de Luce, y la razón por la que le había estado insistiendo a su amigo Hutchins en crear la comisión, era analizar específicamente el estado del periodismo en EEUU. En ese entonces, la desconfianza en los medios se había generalizado y Luce creía que el público necesitaba comprender mejor el propósito y la función de la prensa.

Entre los miembros del grupo —que llegó a ser conocido como la Comisión de la Libertad de Prensa— estaban expertos en distintas áreas como Reinhold Niebuhr, teólogo y ético; Charles E. Merriam, uno de los principales politólogos de la nación; Arthur M. Schlesinger, Sr., historiador de Harvard; Archibald MacLeish, bibliotecario del Congreso y poeta ganador del Premio Pulitzer; y William Ernest Hocking, un reconocido filósofo de la religión.

¿Qué sociedad queremos?, ¿cuál tenemos?, ¿cómo puede la prensa ser utilizada para obtener lo que queremos?, fueron las tres preguntas que Hutchins les encomendó responder a los miembros de la comisión.

Las conclusiones

En enero de 1946, cuando el comité se reunió para revisar un borrador de un informe final, Niebuhr advirtió que se enfrentaban a un “problema insoluble”, pues carecían de respuestas definitivas.

El pequeño volumen que la comisión produjo finalmente se tituló “Una prensa libre y responsable”. El texto es verdaderamente contradictorio en algunos momentos y poco práctico en otros, señala el periodista del New Yorker. “Aun así, pasaría a formar parte del canon periodístico porque hizo lo que Niebuhr sugirió: articular las complejidades de establecer y mantener una prensa libre y responsable”, escribe Luo.

El informe del comité comienza volviendo a los primeros principios y defendiendo el estatus especial de la libertad de expresión. Aclaran que esta es precisamente la libertad política de la que emanan todas los demás, pues es la que “promueve y protege a todos los demás”. El reporte señala que una sociedad civilizada vive y evoluciona a través del consumo de ideas, por lo que es necesario que el mayor número posible de ideas esté disponibles para ser examinadas. Y la prensa, apunta, es precisamente el conducto principal para canalizarlas.

A mediados del siglo XX, la comisión identificó cinco mandatos esenciales para la prensa:  primero, proporcionar “una descripción veraz, exhaustiva e inteligente de los acontecimientos del día a día”; segundo, brindar un espacio para la discusión de “todos los puntos de vista e intereses importantes en la sociedad”; tercero, ofrecer una “imagen representativa” de la sociedad y sus diversos grupos; cuarto, educar al público sobre “los ideales hacia los cuales la comunidad debe luchar”; y quinto, poner la información a disposición de todos.

Sin embargo, la prensa incumplía todos estos mandatos. El problema, señalaron, era que los periodistas habían cedido a las presiones del mercado y se estaban centrando en cubrir la inmediatez y lo sensacional. Además, las noticias estaban siendo sesgadas para alinearse con los prejuicios de los propietarios de los medios de comunicación y por la presión de los grupos de interés.

Los desafíos del presente

En su artículo, Michael Luo afirma que el panorama actual no es muy diferente al analizado por los miembros de la Comisión Hutchins. El público ha perdido la confianza en los medios; las divisiones políticas están rompiendo los acuerdos básicos de la sociedad; las verdades a medias, las falsedades y la propaganda han invadido las plataformas digitales y contaminando el ecosistema de noticias; y los desiertos de información se están expandiendo.

En Estados Unidos, algunos valores fundamentales del periodismo como la objetividad están siendo reconsiderados, en parte, por el radicalismo de la era Trump.

El editor del New Yorker cita el revuelo que surgió en junio a raíz de la publicación en el New York Times de la columna de opinión del senador republicano Tom Cotton quien defendía la movilización del ejército durante las protestas en varias ciudades estadounidenses por el movimiento Black Lives Matter (las vidas negras importan).

Sobre este caso, Luo trae a colación una de las contradicciones señaladas por la Comisión Hutchins: la responsabilidad del periodismo de mostrar la diversidad de voces en la sociedad versus la responsabilidad de servir como amplificador de ideas peligrosas, y reafirma el poder que tienen los editores a la hora de seleccionar qué publicar en sus páginas de opinión que los mismos expertos señalaron en su informe. “La persona cuyas opiniones no están representadas en una página editorial puede llegar a una audiencia a través de una declaración pública informada como noticia, a través de una carta al editor, a través de una declaración impresa en un espacio publicitario o a través de un artículo de revista «, se leía en el texto de la comisión. Además, agrega Luo, el espacio para que los ciudadanos encuentren diversidad de ideas ya ha sido ocupado por la internet.

En un mundo digital en el que cualquiera tiene acceso a plataformas de publicación y redes sociales, el periodista señala que son cada vez más importantes los medios que aún hoy adhieren y son un reflejo de los valores señalados por la Comisión de la Libertad de Prensa. Por eso, afirma Michael Luo, es necesario que los medios de información renueven su compromiso con la responsabilidad pública, examinen sus métodos para dilucidar cómo podrían adaptarse mejor a las nuevas circunstancias.

En un momento en el que la presión de publicar más rápido y más contenido marcan la parada,  es necesario encontrar un modelo para hacer sostenible una prensa más reposada. Una prensa que se preocupe menos por la objetividad estricta y más por la calidad, el rigor y la profundidad de las ideas.

“Durante el siglo XX, la prensa llegó a comprender que su mayor obligación era con el público. De todos los desafíos que enfrenta el periodismo en la actualidad, el mayor puede ser que los editores y otras personas a cargo de los medios pierdan de vista esta verdad”, concluye el artículo.