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Un sistema común para distinguir información confiable en el ecosistema digital

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Fuente: Freepik

19 de Enero de 2026

En un artículo para WAN-IFRA, Vincent Peyrègne explica cómo, en un contexto marcado por algoritmos polarizantes, el avance de la inteligencia artificial generativa y un ecosistema informativo cada vez más desordenado, la ambigüedad se ha convertido en una amenaza directa para el debate democrático. Según el autor, un enfoque por capas, que combine identificación técnica clara con mecanismos voluntarios de certificación basados en prácticas profesionales, puede ser una vía concreta y realista para fortalecer la confianza pública en las fuentes de información.

En noviembre de 2025, el grupo francés de medios de información EBRA organizó un debate en el que un panel de lectores abordó temas como la desinformación, la injerencia extranjera, las redes sociales y la alfabetización mediática. En ese espacio, el presidente francés Emmanuel Macron habló de una “guerra de la información” y de la necesidad de ofrecer al público mejores herramientas para comprender el entorno informativo.

Al ser consultado sobre la proliferación de sitios web falsos y la fiabilidad de las fuentes, el mandatario se mostró a favor de un “etiquetado” profesional que permitiera diferenciar a los medios de información de las plataformas. Según el autor, esta postura se conecta con los trabajos desarrollados en los États généraux de l’information (Foro de la Información), una consulta pública francesa cuyos resultados se publicaron en septiembre de 2024, así como con estándares existentes como la Journalism Trust Initiative (JTI), de la cual EBRA forma parte.

La propuesta generó reacciones críticas inmediatas. Algunos sectores denunciaron el sistema de acreditación como una posible “deriva autoritaria” o incluso como un futuro “Ministerio de la Verdad”.

Tras la polémica, el Palacio del Elíseo y distintos funcionarios aclararon que Macron defendía únicamente un mecanismo de autorregulación impulsado por profesionales del sector, y no un etiquetado impuesto por el Estado. Como ejemplo de transparencia y evaluación ética, el presidente citó la Journalism Trust Initiative (JTI), desarrollada por Reporteros Sin Fronteras (RSF).

Para Peyrègne, el modelo de autorregulación de la JTI contrasta con los enfoques liderados directamente por los gobiernos. Como ejemplo reciente, menciona el sitio web “Hall of Shame” de la Casa Blanca, donde la administración estadounidense señaló a tres medios de información como “engañosos” y “sesgados”, un tipo de intervención estatal que la JTI busca evitar.

Aun así, algunos críticos independientes siguen siendo escépticos. Desde su perspectiva, un etiquetado impulsado desde arriba no resuelve el problema de fondo, que es la desconfianza generalizada del público hacia las fuentes tradicionales de información. En este contexto, la alfabetización mediática aparece como una respuesta más sostenible en el largo plazo.

Sin embargo, el autor sostiene que, si se parte de soluciones técnicas básicas y de buenas prácticas profesionales, es posible construir un marco útil para todo el ecosistema informativo. Desde los ciudadanos hasta las grandes plataformas tecnológicas, todos podrían contar con herramientas para reconocer fuentes auténticas y valorar el trabajo profesional. Esta separación entre identidad y calidad, según Peyrègne, ayudaría a fortalecer un ecosistema informativo global más estable y resistente.

La crisis de la confianza y la búsqueda de claridad

La forma en que hoy se utilizan las redes digitales, sumada a la pérdida de visibilidad de los contenidos producidos con estándares profesionales, muestra, según el autor, la necesidad de repensar cómo se construye la confianza. El objetivo es hacer más comprensible el recorrido de la información sin recurrir a la censura ni a un “Ministerio de la Verdad” controlado por el Estado.

El problema central es cómo lograr esa claridad. Para Peyrègne, la respuesta no está en imponer juicios desde arriba, sino en dar más herramientas a ciudadanos, plataformas y actores económicos, como los anunciantes, para que puedan tomar decisiones informadas. Esto requiere sistemas basados en transparencia, responsabilidad profesional y una infraestructura técnica sólida.

El autor insiste en la importancia de separar dos preguntas clave, quién es una fuente y si esa fuente cumple estándares profesionales. A partir de esta distinción, han surgido iniciativas que buscan pasar de una moderación reactiva del contenido a una verificación más activa de las fuentes.

El llamado a la acción de los États généraux de l’information

Los États généraux de l’information (EGI), lanzados en Francia en octubre de 2023, fueron una consulta nacional que se extendió durante nueve meses e involucró a ciudadanos, periodistas, investigadores y responsables públicos. Su objetivo fue identificar las principales amenazas al derecho a la información y proponer formas de proteger el espacio cívico en la era digital.

Las conclusiones describen, según el autor, un sistema bajo presión. El informe identifica problemas como la pérdida de peso de narrativas independientes y verificadas, el efecto polarizante de los algoritmos, la “instrumentalización” de las redes en campañas de desinformación y el impacto potencial de la inteligencia artificial generativa.

Frente a este escenario, los autores del informe afirman que la información no puede tratarse solo como un producto comercial, sino como un “bien público” y un “bien común” esencial para la democracia.

De este análisis surge una recomendación central del Comité de Dirección, invitar a los editores de medios de información a avanzar en un “proceso de etiquetado proactivo y de amplio alcance”. Los objetivos son claros, servir como una “marca de distinción para los ciudadanos”, reforzar la confianza pública y reequilibrar la relación con las plataformas digitales.

Desde un punto de vista estratégico, esta propuesta traslada la responsabilidad de la verificación desde consumidores sobrecargados y plataformas poco transparentes hacia los propios productores de contenido, y plantea la transparencia como un factor de diferenciación.

El comité, aclara el autor, fue cuidadoso al definir los límites de esta idea. El informe señala explícitamente que su intención es “…no abogar por un etiquetado obligatorio ni imponer una etiqueta única, sino tener en cuenta las categorías y etiquetas existentes (como la categoría de información general y política, la Journalism Trust Initiative y las licencias de la ARCOM francesa)”.

Esta recomendación abre la puerta a analizar las soluciones prácticas que ya están aplicando estos principios.

Dos pilares de una solución, certificación e identificación

Aunque el objetivo general es hacer más legible el ecosistema informativo, el autor distingue dos enfoques que se complementan. Por un lado, la certificación cualitativa, que evalúa si una fuente cumple estándares profesionales. Por otro, la identificación técnica neutral, que permite saber con claridad quién está detrás de una fuente, sin emitir juicios de valor.

Según Peyrègne, la Journalism Trust Initiative y el Global Media Identifier son ejemplos claros de esta separación entre calidad e identidad.

La Journalism Trust Initiative (JTI), un estándar basado en procesos

La Journalism Trust Initiative (JTI), impulsada por Reporteros Sin Fronteras (RSF), es presentada por el autor como un sistema de certificación que busca reconocer a los medios de información que trabajan con estándares periodísticos profesionales.

Su legitimidad se apoya en su condición de estándar ISO, desarrollado por un comité de 130 expertos, entre ellos periodistas y representantes del sector tecnológico.

El proceso de la JTI se organiza en tres etapas pensadas para asegurar rigor y transparencia:

  • Autoevaluación: el medio completa un formulario en línea con 130 preguntas, que se traduce en un informe de transparencia.
  • Certificación: un organismo externo e independiente revisa y valida ese informe.
  • Beneficios: el sistema ofrece incentivos concretos, como mayor visibilidad en plataformas o mejores condiciones con anunciantes, para los contenidos que respetan procesos editoriales profesionales.

La iniciativa ha tenido una adopción relevante a nivel global. Según Le Monde, 2.430 medios de información en 127 países iniciaron el proceso de autoevaluación y 132 alcanzaron la certificación completa. En Francia, actores como Radio France y los diarios regionales del grupo Ebra obtuvieron la certificación.

El autor recuerda que la JTI ganó visibilidad política cuando Emmanuel Macron la citó como ejemplo de “certificación por profesionales”, diferenciándola de cualquier forma de “etiqueta estatal” o “Ministerio de la Verdad”. Para Peyrègne, este punto refuerza la idea de que la confianza debe construirse desde la autorregulación del sector.

El Global Media Identifier (GMI), una infraestructura digital neutral

El Global Media Identifier (GMI), una iniciativa del Global Media Registry y del Instituto Alemán de Normalización (DIN), se centra en un problema distinto pero igual de relevante, la falta de claridad sobre la identidad de las fuentes.

A diferencia de los sistemas de certificación, el GMI no evalúa la calidad del contenido. Su función es ofrecer una respuesta clara y universal a una pregunta básica, quién es quién.

Según explica el autor, hoy plataformas, anunciantes y reguladores utilizan listas internas que no siempre coinciden, lo que genera errores y confusión. El GMI funciona como un identificador único, similar a un código aeroportuario o a un ISBN, que ayuda a ordenar y armonizar esos sistemas.

El marco técnico del GMI está definido por el ISO International Workshop Agreement (IWA 44) y se basa en tres elementos:

  • Principio: es una convención de identificación neutral, no un sistema de certificación, y se aplica solo al nivel de la fuente.
  • Estructura: la clave GMI es una cadena alfanumérica de 16 caracteres que identifica de forma única a cada medio.
  • Taxonomía: el modelo de datos establece una jerarquía clara que conecta al propietario final, la entidad legal, el medio de información y los canales de distribución.

Las aplicaciones del GMI, según el autor, resultan útiles para el sector privado, el sector público y la sociedad civil: 

  • Sector privado: facilita una moderación de contenidos más precisa en las plataformas, garantiza la seguridad de marca para los anunciantes y protege a los medios frente a suplantadores.
  • Sector público: apoya la aplicación de regulaciones (por ejemplo, licencias y control de concentración) y respalda la financiación del desarrollo de medios.
  • Sociedad civil: empodera las decisiones de las audiencias, mejora las capacidades de investigación académica y contribuye a la preservación del patrimonio cultural.

El GMI ya cuenta con un marco técnico formalizado en el ISO IWA 44:2025, y se prevé avanzar hacia un estándar ISO completo.

Un marco complementario para un espacio informativo más sólido

Peyrègne plantea que la JTI y el GMI no deben verse como soluciones enfrentadas, sino como piezas que se refuerzan entre sí. Mientras una se enfoca en la calidad y los procesos profesionales, la otra aporta claridad sobre la identidad de las fuentes.

Combinadas, ambas herramientas permiten que plataformas, reguladores y audiencias tomen decisiones mejor informadas. El autor lo ejemplifica con un algoritmo que primero verifica la identidad de una fuente a través del GMI y luego revisa si cuenta con certificaciones de calidad, como la JTI.

Un camino hacia la integridad informativa

El diagnóstico de los États généraux de l’information y las soluciones desarrolladas por Reporteros Sin Fronteras y el Global Media Registry apuntan, según el autor, a una misma conclusión, las respuestas más sólidas al desorden informativo no provienen de imposiciones estatales, sino de la autorregulación del sector, la transparencia y el uso de estándares técnicos comunes.

Las controversias recientes en Francia y Estados Unidos funcionan como advertencia sobre los riesgos de los enfoques impuestos desde arriba. En un escenario donde los contenidos informativos se vuelven cada vez más “líquidos” por el impacto de la inteligencia artificial generativa, Peyrègne sostiene que la clave no está en crear árbitros de la verdad, sino en construir una arquitectura que haga visibles el origen y los estándares de las fuentes de información.

En esa línea, WAN-IFRA, la EBU y la FIPP se unieron para defender cinco principios esenciales para preservar la integridad de las noticias en la era de la inteligencia artificial. Miles de medios públicos y privados de todo el mundo se han sumado a esta iniciativa, que invita a los desarrolladores de IA a garantizar que estas tecnologías sean seguras, confiables y beneficiosas para el ecosistema informativo y para la sociedad.

La iniciativa, News Integrity in the Age of AI, propone cinco principios clave para un código de buenas prácticas conjunto y promueve el diálogo entre plataformas tecnológicas y empresas periodísticas para enfrentar la desinformación y proteger el valor de las noticias confiables.

Nota: La Journalism Trust Initiative se menciona en este artículo en el contexto de la controversia generada por las declaraciones del presidente francés. En la actualidad, los contenidos informativos se certifican o etiquetan mediante una combinación de estándares técnicos de procedencia, etiquetas regulatorias o de plataformas y programas de confianza impulsados por las propias redacciones. Iniciativas como The Trust Project, NewsGuard o la Coalition for Content Provenance and Authenticity (C2PA) forman parte de este ecosistema más amplio orientado a reforzar la transparencia y la confianza.

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