24 de Agosto de 2026
En un artículo para INMA, Jodie Hopperton explicó el papel que siguen teniendo las aplicaciones móviles en las estrategias digitales de los medios de información, especialmente en un escenario donde las descargas disminuyen, pero los usuarios que permanecen dentro de estos ecosistemas tienen cada vez mayor valor. La autora plantea que la decisión de desarrollar una aplicación no debería responder a una tendencia tecnológica, sino a una estrategia de producto clara y a las necesidades concretas de la audiencia.
Durante años, desarrollar una aplicación móvil parecía una parte indispensable de la estrategia digital de cualquier medio de información. Para quienes apostaban por las suscripciones digitales o buscaban aumentar la interacción con sus lectores, tener una aplicación era prácticamente una obligación.
Sin embargo, crear una aplicación, promocionarla y mantenerla se volvió cada vez más costoso, lo que llevó a algunos medios de información a abandonar esta opción. Ahora que la inteligencia artificial permite desarrollar aplicaciones de manera más económica, surge una nueva pregunta: ¿esto significa que deberíamos tener una aplicación para todo?
La respuesta no es tan sencilla. Datos recientes de Appfigures muestran un cambio interesante. Las descargas de aplicaciones a nivel global continuaron disminuyendo en 2025, con una caída interanual del 2,7%, hasta alcanzar un estimado de 106.900 millones de instalaciones. Al mismo tiempo, el gasto de los consumidores dentro de las aplicaciones llegó a un récord de 155.800 millones de dólares, lo que representa un crecimiento superior al 21%.
En otras palabras, cada vez menos personas descargan aplicaciones, pero quienes lo hacen se están convirtiendo en usuarios significativamente más valiosos. Y ese es precisamente el tipo de audiencia que buscan los medios de información.
Entonces, ¿deberían empezar a desarrollar más aplicaciones? ¿O sería una distracción?
Este tema generó una amplia conversación durante el Consejo Asesor de Producto y Tecnología de INMA. Según Hopperton, lo más llamativo fue la rapidez con la que el debate dejó de centrarse en la tecnología. El consenso no tenía tanto que ver con las aplicaciones como con la estrategia detrás de ellas.
Las ventajas
Uno de los principales argumentos a favor de desarrollar una aplicación es la posibilidad de establecer una relación más directa con la audiencia. A medida que el tráfico proveniente de los buscadores se vuelve menos predecible y las referencias desde las redes sociales continúan cambiando, los medios de información buscan cada vez más canales que puedan controlar. Una aplicación puede convertirse en uno de esos puntos de conexión directa.
Además, la audiencia que utiliza una aplicación suele ser muy diferente de la que accede a un sitio web desde el celular.
Varios participantes de la conversación señalaron que, aunque las audiencias de las aplicaciones suelen ser más pequeñas, también tienden a ser las más comprometidas. Son usuarios que regresan a diario, se suscriben, resuelven juegos y pasatiempos, guardan artículos, escuchan pódcast o incorporan el producto del medio a su rutina.
Uno de los participantes compartió que casi la mitad de sus ingresos por suscripciones proviene actualmente de su aplicación. El dato recuerda que el éxito no siempre depende de alcanzar a una audiencia más amplia, sino de ofrecer un servicio excepcional a los usuarios de mayor valor.
Otro aspecto que apareció de manera recurrente en la conversación fue que desarrollar una aplicación se ha vuelto considerablemente más sencillo. Las herramientas modernas de desarrollo han reducido tanto los costos como la complejidad, haciendo que experimentar sea mucho más accesible que hace apenas unos años.
Paradójicamente, esa facilidad también puede convertirse en uno de los mayores riesgos.
Las desventajas
Cuando algo se vuelve más fácil de desarrollar, también resulta más sencillo hacerlo por las razones equivocadas.
Varios participantes advirtieron sobre el riesgo de considerar una aplicación como una solución para la caída del tráfico web o los cambios en el comportamiento de las audiencias. Una aplicación no puede compensar una estrategia editorial poco clara ni un producto que carezca de diferenciación. Si simplemente replica el sitio web, probablemente tendrá dificultades para ganarse un lugar permanente en el teléfono de los usuarios.
Y aunque lanzar una aplicación puede ser más barato que antes, mantenerla no necesariamente lo es. Dar soporte a diferentes plataformas, mejorar de manera constante el rendimiento, gestionar la deuda técnica y crear experiencias que realmente se diferencien de la versión móvil del sitio web requieren una inversión sostenida en producto, ingeniería, contenidos y edición, marketing y atención al cliente.
La estrategia
Quizás la parte más interesante de la discusión se centró en determinar qué hace que una aplicación sea realmente valiosa.
Los ejemplos más destacados no eran simples réplicas digitales de sitios web. Por el contrario, ofrecían una utilidad específica, como experiencias personalizadas, juegos y pasatiempos, herramientas para cocinar, lectura sin conexión, contenidos de audio o funcionalidades capaces de generar hábitos frecuentes.
Según la autora, las aplicaciones que tienen éxito suelen resolver un problema concreto o convertirse en parte de la rutina diaria de los usuarios.
Esta diferencia adquiere cada vez más importancia a medida que evolucionan los asistentes de inteligencia artificial y los sistemas operativos. Si una mayor cantidad de información comienza a aparecer directamente a través de interfaces conversacionales o asistentes integrados en los sistemas operativos, tener una aplicación podría perder valor con el tiempo. Los medios de información tendrán que pensar aún más en qué experiencia única pueden ofrecer a través de su aplicación y que no pueda encontrarse en otro lugar.
La conclusión de la discusión no fue que los medios de información deban, o no deban, desarrollar aplicaciones. La idea central fue que una aplicación debería ser el resultado de una estrategia de producto clara, no la estrategia en sí misma.
Si un medio cuenta con una audiencia claramente definida y con un alto potencial de interacción, una experiencia diferenciada que funcione mejor dentro de una aplicación que en la web y el compromiso de la organización para seguir invirtiendo después del lanzamiento, una aplicación puede convertirse en uno de sus productos más valiosos.
Si no existen esas condiciones, mejorar la experiencia digital que ya ofrece el medio podría generar un mejor retorno.
Como ocurre con tantas decisiones relacionadas con el desarrollo de productos, la tecnología suele ser la parte sencilla. El verdadero desafío sigue siendo entender qué problema se busca resolver.
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