08 de Junio de 2026
Un estudio realizado por Amy Ross Arguedas, Camila Mont’Alverne, Benjamin Toff, Richard Fletcher y Rasmus Kleis Nielsen explora los factores que influyen en la confianza que las personas depositan en las noticias. A partir de una investigación cualitativa desarrollada en Brasil, India, Reino Unido y Estados Unidos, los autores plantean que la confianza no depende únicamente de la calidad de la información o de las prácticas periodísticas. Según sostienen, también intervienen elementos más cotidianos y culturales, como los hábitos de consumo de noticias, las emociones asociadas a ellas y la forma en que las personas ven reflejada su identidad en los medios de información.
Ampliar la comprensión de la confianza en las noticias
La disminución de la confianza en las noticias en distintos países ha impulsado una amplia agenda de investigación orientada a comprender las causas de este fenómeno, sus consecuencias y las posibles formas de revertirlo (Newman et al., 2022). Gran parte de estos trabajos se ha centrado en factores políticos, como la relación entre la confianza en los medios de información y la confianza en las instituciones políticas, o el papel de la polarización partidista (Hanitzsch, Van Dalen y Steindl, 2017; Ladd, 2012; Suiter y Fletcher, 2020).
Desde el ámbito del periodismo, las respuestas suelen enfocarse en aspectos relacionados con la calidad de la información y las prácticas profesionales, como la transparencia, la verificación de datos o los esfuerzos por generar una relación más cercana con las audiencias (Kohring y Matthes, 2007; Koliska, 2022; Masullo et al., 2022; Robinson, 2023).
Sin embargo, los autores consideran que estas explicaciones son valiosas, aunque insuficientes, porque dejan fuera otras dimensiones que las audiencias consideran relevantes cuando evalúan la confiabilidad de las noticias.
La visión predominante de la comunicación como transmisión
Aunque en los últimos años ha aumentado el interés por el papel de las plataformas digitales en el consumo informativo y por factores distintos de la política o las prácticas profesionales (Fawzi et al., 2021), buena parte de la investigación sobre confianza continúa entendiendo la comunicación principalmente como un proceso de transmisión de información.
Esta perspectiva coincide con lo que James Carey (2009) denominó una “visión transmisiva de la comunicación”, una mirada que históricamente ha dominado los estudios de comunicación. Bajo este enfoque, la confianza suele medirse a partir de evaluaciones cognitivas relacionadas con atributos como la imparcialidad, la precisión o el equilibrio informativo (Kohring y Matthes, 2007; Strömbäck et al., 2020).
Según los investigadores, existen varias razones que explican esta tendencia. Por un lado, responde a concepciones normativas del periodismo como un pilar de la democracia. Por otro, refleja la manera en que los propios periodistas entienden su función social. Además, gran parte de la investigación sobre confianza se apoya en encuestas cerradas diseñadas desde las categorías de investigadores y profesionales, lo que puede limitar la comprensión de cómo las personas entienden la confianza en su vida cotidiana.
Los autores argumentan que este enfoque puede pasar por alto factores importantes. En la práctica, las personas suelen emitir juicios de confianza incluso sin realizar evaluaciones exhaustivas de credibilidad. En esos casos, intervienen elementos que trascienden la calidad de la información y que se acercan más a una visión de la comunicación como práctica social.
La confianza desde una visión de la comunicación cómo práctica social
A partir de una aproximación centrada en las audiencias, el estudio identifica una visión más amplia de la confianza que remite a los atributos rituales de la comunicación descritos por Carey (2009). En este marco, la comunicación no se limita a transmitir información, sino que también contribuye al mantenimiento de la vida social y a la construcción de significados compartidos.
Los autores retoman investigaciones que muestran cómo el consumo de noticias suele integrarse en rutinas cotidianas, desde leer el periódico durante el desayuno hasta consultar noticias en momentos específicos del día (Boczkowski et al., 2022; Fortunati, Taipale y Farinosi, 2014; Groot Kormelink, 2022).
Estas prácticas, además de informar, pueden generar experiencias afectivas y simbólicas que otorgan significado a la relación de las personas con las noticias. Del mismo modo, las noticias pueden ayudar a reforzar valores compartidos y a situar a los individuos dentro de una determinada visión del mundo (Silverstone, 1994; Carey, 2009).
A partir de esta perspectiva, los autores se preguntan qué atributos asociados a esta dimensión de práctica social, ritual o cotidiana son percibidos por las audiencias como relevantes para construir confianza en las noticias.
Métodos y datos
El estudio forma parte de una investigación comparativa más amplia sobre confianza en las noticias. Para ello, los investigadores realizaron entrevistas en profundidad y grupos focales con 132 participantes de Brasil, India, Reino Unido y Estados Unidos.
Los participantes fueron seleccionados para incluir distintos niveles de confianza en las noticias, así como diversidad de edad, orientación política y hábitos de consumo informativo. Los grupos focales se desarrollaron en línea y posteriormente se realizaron entrevistas individuales para profundizar en los hallazgos iniciales.
Durante las conversaciones, las personas describieron cómo se mantienen informadas, qué señales utilizan para determinar si una noticia es confiable y cuáles son sus percepciones sobre el periodismo. Todo el material fue analizado de manera inductiva con apoyo del software NVivo.
En lugar de centrarse en percepciones sobre sesgo o manipulación mediática, el estudio puso especial atención en los atributos sociales y culturales de la confianza vinculados con las prácticas cotidianas de consumo de noticias y su significado.
Hallazgos
Los resultados muestran que tres atributos estrechamente relacionados aparecen de manera recurrente en las explicaciones sobre la confianza: el hábito, la emoción y la identidad. Aunque pueden analizarse por separado, los autores sostienen que suelen operar conjuntamente en un proceso que denominan “Ritual reinforcement o refuerzo ritual en español”.
Los hábitos informativos como atributo de la confianza
Una de las conclusiones más consistentes fue la importancia del hábito. Numerosos participantes asociaron su confianza en determinados medios con el hecho de haberlos consumido durante años.
Robert (Reino Unido, 43 años), al explicar por qué confiaba especialmente en la BBC, comentó: “Quizás porque siempre lo he hecho... Parte de ello es el hábito”.
En la misma línea, Kavita (India, 43 años) señaló: “Confío más en NDTV porque lo veo más. No es que muestren mejores noticias que otros; no tengo ningún criterio para elegir un canal en particular”.
Estos testimonios sugieren que la relación entre hábito y confianza puede funcionar en ambas direcciones. Si bien suele asumirse que las personas consumen medios porque confían en ellos, muchos participantes describieron situaciones en las que la familiaridad generada por el uso constante terminó fortaleciendo esa confianza.
Las rutinas informativas también aparecieron vinculadas a prácticas familiares y costumbres heredadas. Kayla (Estados Unidos, 34 años) explicó que su hábito de ver noticias por la mañana surgió porque su madre hacía lo mismo mientras tomaba café.
La familiaridad construida a través de los años también ayudaba a evaluar contenidos encontrados en redes sociales. Varios entrevistados afirmaron confiar más en marcas periodísticas conocidas previamente que en fuentes desconocidas que aparecían en sus feeds.
La materialidad de los formatos tampoco resultó irrelevante. Algunos participantes asociaron los periódicos impresos con sensaciones de autenticidad, seguridad y credibilidad que no experimentaban de la misma manera en entornos digitales.
La emoción como atributo de la confianza
La emoción apareció como un segundo componente fundamental. Por un lado, los participantes describieron vínculos afectivos con medios, periodistas y presentadores que habían acompañado sus rutinas durante años. Por otro, la propia experiencia emocional del consumo informativo influía en la percepción de confianza.
Kavita (India, 43 años), por ejemplo, explicó su relación con un periódico en su lengua materna de la siguiente manera:
“Leo Sakal desde hace mucho tiempo y me gusta su contenido. Es confiable. Es posible que otros periódicos tengan el mismo contenido, pero como lo leo desde el principio, estoy apegada a él”.
Las conexiones afectivas también aparecieron asociadas a figuras familiares o educativas. Russell (Estados Unidos, 28 años) explicó que aprendió a confiar en NPR gracias a profesores y adultos cercanos que le enseñaron a considerarlo una fuente confiable.
Las relaciones parasociales con periodistas y presentadores fueron igualmente relevantes. Algunos participantes manifestaron confiar más en comunicadores cuya personalidad les resultaba cercana o familiar.
Varios entrevistados describieron la confianza como una sensación intuitiva difícil de racionalizar. Andrew (Reino Unido, 25 años) afirmó: “Es difícil ponerlo en palabras porque es muy instintivo. No lo pienso realmente. Simplemente tengo una sensación general”. Otros relacionaron la confianza con sentimientos de comodidad, tranquilidad, seguridad o alivio.
Las características visuales y narrativas de determinados formatos también influyeron en estas percepciones. Algunos participantes consideraban que la televisión facilitaba la construcción de confianza porque permitía observar expresiones faciales, lenguaje corporal y otras señales humanas.
Las emociones negativas operaban en sentido contrario. Sentimientos de irritación, enojo o frustración frente a ciertas coberturas podían erosionar la confianza en un medio o periodista.
La identidad como atributo de la confianza
El tercer atributo identificado fue la identidad. Si bien la identidad política apareció con frecuencia entre participantes especialmente interesados en asuntos públicos, los investigadores encontraron otras formas de identidad igualmente relevantes.
Algunas personas manifestaron confiar más en medios que reflejaban aspectos de su identidad nacional, religiosa, racial o de clase. Robert (Reino Unido, 43 años), por ejemplo, explicó parte de su confianza en la BBC señalando: “Se siente británica. Y yo me siento británico, así que hay algo de eso”.
Por el contrario, la sensación de exclusión o representación insuficiente tendía a generar desconfianza.
Participantes de distintos países señalaron que determinados grupos sociales aparecían retratados de forma estereotipada o insuficiente en la cobertura informativa. Estas críticas fueron especialmente visibles en temas relacionados con raza, desigualdad y representación social.
La confianza también estuvo vinculada a identidades personales y sistemas de valores. Algunos entrevistados explicaron que determinados medios reflejaban sus creencias y formas de entender el mundo, lo que reforzaba su confianza.
En otros casos, las personas definían su identidad en oposición a las audiencias asociadas con ciertos medios. Algunos participantes británicos marcaron distancia respecto de lectores de determinados tabloides, utilizando esa diferenciación para reforzar su propia identidad como consumidores informativos.
Asimismo, varios participantes asociaron el escepticismo hacia las noticias con una imagen de sí mismos como individuos críticos e independientes capaces de formarse opiniones propias.
Discusión
A partir de estos hallazgos, los autores proponen ampliar la comprensión de la confianza en las noticias incorporando atributos sociales y culturales de la confianza que suelen quedar fuera de los enfoques centrados exclusivamente en la transmisión de información.
El estudio identifica tres dimensiones centrales: los hábitos de consumo informativo, las conexiones emocionales y las identidades personales y sociales. Según los investigadores, estas dimensiones interactúan constantemente con las evaluaciones sobre la calidad de la información y ayudan a explicar por qué distintas personas pueden reaccionar de manera diferente frente a los mismos contenidos.
Los resultados también sugieren que la confianza no puede entenderse únicamente como una evaluación racional de la credibilidad. Las emociones ocupan un lugar relevante en la manera en que las personas se relacionan con las noticias, ya sea a través de sentimientos de seguridad, comodidad o cercanía, o mediante reacciones negativas que alimentan la desconfianza.
Otro aspecto destacado es el posible impacto de los cambios en los hábitos de consumo informativo. Los participantes más jóvenes mostraron prácticas menos ritualizadas y una relación más incidental con las marcas periodísticas, especialmente debido al papel creciente de las redes sociales en el acceso a las noticias.
Asimismo, la investigación muestra que las identidades sociales y personales influyen en la confianza cuando las personas perciben que sus experiencias, valores o comunidades están representadas, o ignoradas, por los medios de información.
Para quienes buscan fortalecer la confianza en el periodismo, los autores sugieren que las iniciativas centradas únicamente en transparencia o verificación pueden resultar insuficientes. También podría ser importante fomentar hábitos de consumo estables, desarrollar vínculos emocionales con las audiencias y prestar atención a cómo las organizaciones periodísticas representan diferentes grupos e identidades.
En definitiva, el estudio concluye que la transmisión de información sigue siendo fundamental, pero opera junto a otros factores culturales y sociales. Comprender cómo hábito, emoción e identidad se combinan para fortalecer o debilitar la confianza puede abrir nuevas oportunidades tanto para la investigación académica como para las estrategias de los medios de información.
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